
La restitución del claustro del abad al Monasterio de Santa Maria de la Valldigna es uno de los acontecimientos más importantes a nivel cultural y arquitectónico acaecidos no sólo en la comarca sino en la Comunidad en los últimos años.
Su vuelta es la culminación de un proyecto iniciado con la compra del conjunto monástico y que tuvo su punto de inflexión en junio de 1998 con la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, aprobada en una sesión especial celebrada en la misma iglesia de Santa Maria.
Desde entonces la Generalitat, a través de la Fundación Jaume II el Just, ha promovido el resurgir del Monasterio, dotándolo con cuantiosos presupuestos (más de 3’5 millones de euros en el último ejercicio) que han permitido recuperar el esplendor perdido y que Simat pueda enorgullecerse de nuevo de Santa María de la Valldigna.
Por desgracia, no podemos contar lo mismo del otro cenobio existente en la comarca y que no tiene nada que desmerecer en ninguno de sus aspectos al monasterio vallero. San Jerónimo de Cotalba se encuentra, a pesar de los tímidos cambios recientes, en un estado más que lamentable.
Una simple mirada desde el exterior nos muestra el estado de total ruina de las galerías superiores a la nave principal, así como una Torre del Homenaje cerrada al público por peligro de desprendimientos. El estado del caserío morisco o el acueducto no son mucho mejores.
Quizás las gentes de la Safor no sean conscientes de ello, pues con sólo un día de apertura a la semana y ceñida la visita a una mínima parte del conjunto arquitectónico, no son muchos quiénes lo han visitado.
Como Bien de Interés Cultural que es, por ley sus propietarios están obligados a su mantenimiento y conservación, al tiempo que el gobierno autonómico debe tomar las medidas necesarias para cumplir con ello. El estado en que se encuentra Cotalba, dista mucho de cumplir con la legislación (ya que también se recoge el derribo total o parcial, aunque éste sea por dejación).
Es necesaria la ampliación inmediata del Convenio existente entre la Generalitat y los Condes de Trénor para acometer obras urgentes en el Monasterio, crear una fundación que rija y coordine las labores de restauración y programación, estando representados sus legítimos propietarios, aunque la salida más adecuada a largo plazo bien pudiera ser su compra a la familia propietaria.
Como diría allá por el siglo XVIII el dramaturgo italiano Carlo Goldoni, “Un viajero sabio no menosprecia nunca a su propio país”. Ahora es el turno de Cotalba.
PUBLICADO, RECORTADO, EN MICRO EL 23 DE MARZO DE 2007
Su vuelta es la culminación de un proyecto iniciado con la compra del conjunto monástico y que tuvo su punto de inflexión en junio de 1998 con la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, aprobada en una sesión especial celebrada en la misma iglesia de Santa Maria.
Desde entonces la Generalitat, a través de la Fundación Jaume II el Just, ha promovido el resurgir del Monasterio, dotándolo con cuantiosos presupuestos (más de 3’5 millones de euros en el último ejercicio) que han permitido recuperar el esplendor perdido y que Simat pueda enorgullecerse de nuevo de Santa María de la Valldigna.
Por desgracia, no podemos contar lo mismo del otro cenobio existente en la comarca y que no tiene nada que desmerecer en ninguno de sus aspectos al monasterio vallero. San Jerónimo de Cotalba se encuentra, a pesar de los tímidos cambios recientes, en un estado más que lamentable.
Una simple mirada desde el exterior nos muestra el estado de total ruina de las galerías superiores a la nave principal, así como una Torre del Homenaje cerrada al público por peligro de desprendimientos. El estado del caserío morisco o el acueducto no son mucho mejores.
Quizás las gentes de la Safor no sean conscientes de ello, pues con sólo un día de apertura a la semana y ceñida la visita a una mínima parte del conjunto arquitectónico, no son muchos quiénes lo han visitado.
Como Bien de Interés Cultural que es, por ley sus propietarios están obligados a su mantenimiento y conservación, al tiempo que el gobierno autonómico debe tomar las medidas necesarias para cumplir con ello. El estado en que se encuentra Cotalba, dista mucho de cumplir con la legislación (ya que también se recoge el derribo total o parcial, aunque éste sea por dejación).
Es necesaria la ampliación inmediata del Convenio existente entre la Generalitat y los Condes de Trénor para acometer obras urgentes en el Monasterio, crear una fundación que rija y coordine las labores de restauración y programación, estando representados sus legítimos propietarios, aunque la salida más adecuada a largo plazo bien pudiera ser su compra a la familia propietaria.
Como diría allá por el siglo XVIII el dramaturgo italiano Carlo Goldoni, “Un viajero sabio no menosprecia nunca a su propio país”. Ahora es el turno de Cotalba.
PUBLICADO, RECORTADO, EN MICRO EL 23 DE MARZO DE 2007





