viernes 23 de marzo de 2007

El Turno de Cotalba


La restitución del claustro del abad al Monasterio de Santa Maria de la Valldigna es uno de los acontecimientos más importantes a nivel cultural y arquitectónico acaecidos no sólo en la comarca sino en la Comunidad en los últimos años.
Su vuelta es la culminación de un proyecto iniciado con la compra del conjunto monástico y que tuvo su punto de inflexión en junio de 1998 con la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, aprobada en una sesión especial celebrada en la misma iglesia de Santa Maria.
Desde entonces la Generalitat, a través de la Fundación Jaume II el Just, ha promovido el resurgir del Monasterio, dotándolo con cuantiosos presupuestos (más de 3’5 millones de euros en el último ejercicio) que han permitido recuperar el esplendor perdido y que Simat pueda enorgullecerse de nuevo de Santa María de la Valldigna.

Por desgracia, no podemos contar lo mismo del otro cenobio existente en la comarca y que no tiene nada que desmerecer en ninguno de sus aspectos al monasterio vallero. San Jerónimo de Cotalba se encuentra, a pesar de los tímidos cambios recientes, en un estado más que lamentable.
Una simple mirada desde el exterior nos muestra el estado de total ruina de las galerías superiores a la nave principal, así como una Torre del Homenaje cerrada al público por peligro de desprendimientos. El estado del caserío morisco o el acueducto no son mucho mejores.
Quizás las gentes de la Safor no sean conscientes de ello, pues con sólo un día de apertura a la semana y ceñida la visita a una mínima parte del conjunto arquitectónico, no son muchos quiénes lo han visitado.
Como Bien de Interés Cultural que es, por ley sus propietarios están obligados a su mantenimiento y conservación, al tiempo que el gobierno autonómico debe tomar las medidas necesarias para cumplir con ello. El estado en que se encuentra Cotalba, dista mucho de cumplir con la legislación (ya que también se recoge el derribo total o parcial, aunque éste sea por dejación).
Es necesaria la ampliación inmediata del Convenio existente entre la Generalitat y los Condes de Trénor para acometer obras urgentes en el Monasterio, crear una fundación que rija y coordine las labores de restauración y programación, estando representados sus legítimos propietarios, aunque la salida más adecuada a largo plazo bien pudiera ser su compra a la familia propietaria.

Como diría allá por el siglo XVIII el dramaturgo italiano Carlo Goldoni, “Un viajero sabio no menosprecia nunca a su propio país”. Ahora es el turno de Cotalba.

PUBLICADO, RECORTADO, EN MICRO EL 23 DE MARZO DE 2007

jueves 22 de marzo de 2007

El Barracón


Imaginen que Blasco Ibáñez no hubiese nacido en 1867 sino un siglo después. Al igual que entonces, se dedica a plasmar en sus escritos la sociedad de su tiempo.
Blasco Ibáñez, como buen escritor de éxito, es invitado por diversas escuelas de la comarca para incentivar la lectura y la escritura entre los más jóvenes. Así recorre el la extensión del Colegio Cervantes en Gandia; se acerca hasta el ensanche de Oliva para visitar la nueva “escuela”, continúa después por el nuevo Colegio del Grau, y así, charlas tras charla, va “disfrutando” de las maravillosas comodidades que supone para el alumnado unos barracones metálicos situados sobre un abrasivo suelo de asfalto y con un aire acondicionado que, cuando funciona, congela a los niños mientras que la calefacción, si queda presupuesto, achicharra a los pobres chavales.
Al volver a su casa, el escritor abre el diario y lee “El Programa Crea-Escola ha creado 298 nuevas escuelas en la Comunidad”, perplejo y en pleno estado de conmoción, pone las noticias en Canal Nou y ve al Conseller de turno que, en la inauguración de una nueva escuela, tiene el valor de denominar a esos infames barracones con el nombre de Unidades Educativas Temporales.
Asqueado de todo esto, decide darse a esa sana costumbre española como es la siesta.
Ya por la tarde, decide aplicarse a lo que mejor sabe hacer: retratar de forma crítica y profunda la sociedad en la que se desenvuelve. Con Cañas y Barro y Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis había conseguido deleitarnos con una espléndida plasmación de las gentes, del ambiente, de las relaciones sociales, etc…
Ahora, tras la siesta, se coloca en su escritorio. Afronta ese momento crucial que es para todo escritor iniciar una nueva obra literaria, buscar la inspiración… Hace un siglo hubiese surgido La Barraca, pero ahora lo tiene claro… El Barracón.
El problema de todo esto es que no hace falta imaginar tanto, simplemente den una vuelta por los colegios de sus hijos.

PUBLICADO 22 DE MARZO EN LAS PROVINCIAS (EDICIÓN LA SAFOR)

http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20070322/safor/barracon_20070322.html

viernes 16 de marzo de 2007

Naftalina y Varón Dandy




Hace unos días, en pleno centro de la ciudad, durante la inauguración del nuevo transporte urbano, se vivió una escena que roza el surrealismo. Y es que para no ser menos en esta vorágine de infantilismo e irresponsabilidad de los políticos a nivel nacional, el señor Torró apareció berreando en la Plaza Mayor con la camarilla que lleva últimamente a su alrededor.
Con su actitud y los chillidos tanto de él como de sus acompañantes demostró en que segmento de la política se encuentra más a gusto: la derecha más reaccionaria.
Una persona así no puede optar a la alcaldía, ¿alguien en su sano juicio piensa que va a ser el alcalde que defienda los intereses de TODOS los gandienses?
Yo pensaba que había ciertos comportamientos y actitudes que en esta ciudad estaban desterrados, pasados de moda, pero el señor Torró se empeña en demostrar lo contrario.Ya no engaña a nadie. Tiene ese regusto a rancio que durante el final del franquismo y la transición emanaban los fieles adeptos al régimen, aquéllos que ansiaban la vuelta de las camisas azules y veían la Constitución como el mayor de los demonios.
Con su amigo Rus, y Carlos Fabra, cacique de Xátiva y amo de Castellón respectivamente, hacen la tríada perfecta en lo que se refiere a la unión del poder político con el económico. Dos términos unidos y, como dirían los matemáticos, "el orden de los factores no altera el producto"
El señor Torró ha mostrado sus cartas, celebra más el 20 N o el 23 F que el 6 de diciembre. Y por mucho traje de Armani y perfume Hugo Boss, detrás de esa fachada engominada sólo huele a naftalina y a Varon Dandy.




PUBLICADO EN EL PERIODICO MICRO Y EN LA WEB DE ONDA NARANJ COPE. FUE CENSURADO EN LAS PROVINCIAS (ALEGANDO QUE ARTURO TORRÓ PODIA QUERELLARSE PORQUE SE LE LLAMABA FASCISTA)




miércoles 14 de marzo de 2007

Los Hombres de Harrelson o los Hombres de Paco


En los últimos meses, conducir por Gandia empieza a ser preocupante. O mejor dicho, aparcar en nuestra ciudad empieza a ser misión imposible. Con sus más de 70000 habitantes y un parque automovilístico al que debemos sumar otros miles de coches de las localidades cercanas, la búsqueda de un sitio para dejar el coche es cada vez más complicada y costosa (los parquings de pago están haciendo su agosto).
Y aquí es donde entra la labor del Ayuntamiento, pues al fin y al cabo es él quién nos cobra regularmente el ITVM, además de ser el órgano gestor del tráfico.
Por un lado el ayuntamiento está haciendo una encomiable labor a la hora de crear una serie de aparcamientos en la periferia gandiense, aumentando así el número de plazas de aparcamiento. El carril bici y los autobuses urbanos son otras de las propuestas.
Pero por otro, está cometiendo errores garrafales, sobre todo a la hora de acometer la urbanización de zonas tan cruciales para la ciudad como el sector universitario o la prolongación del Paseo de las Germanías. Y digo errores porque no acabo de entender como en una zona nueva, con fincas de más de siete alturas, se están haciendo unas calles donde a la hora de aparcar se hace en batería, cuando todos sabemos que a día de hoy en la mayoría de casos suelen haber dos coches por cada piso. ¿Dónde meter todos esos centenares de coches? Comprendo la presión de los promotores y constructores por el valor de los terrenos, pero ¿Tanto costaría compensar con una altura más a cambio de crear avenidas amplias con espacio suficiente para albergar, al menos, los vehículos de los vecinos? Las calles del final de la playa o el sector universitario son una auténtica vergüenza para una gran ciudad.
Y después de todo esto aparece la labor de la Policía Local Gandiense, cuyo celo a la hora de cumplir su labor está llegando a extremos insospechados. ¿Y por qué sigo esto, se preguntarán muchos de ustedes? Pues porque últimamente parece que a lo único que se dedican es a poner multas a diestro y siniestro, sobre todo en el centro de la ciudad. Todas ellas justificadas, ahí les doy la razón, pero no es de recibo que multen a furgonetas de reparto, a coches mal aparcados pero que no molestan para el desarrollo normal de la circulación, etc…
El caso de la Plaza del Prado es la gota que colma el vaso. A lo largo de año y medio de de obras los vecinos hemos tenido que aguantar decenas de multas por aparcar el coche en la puerta de tu casa durante 15 minutos para hacer un simple traslado, ir a recoger a una persona mayor… mientras los obreros aparcaban plácidamente y los Hombres de Harrelson hacían la vista gorda. Creo que aquí el Ayuntamiento se ha equivocado flagrantemente, pues debía haber sido un poco más benevolente con unos vecinos que llevan aguantando meses de obras con ruidos, polvo, etc…¿O que se creen, que los vecinos del Prado no tienen coches?
Las multas en Gandia parece ser que son una fuente de ingresos muy reseñable para el Consistorio, pero el excesivo celo de los agentes está llegando a niveles que rozan la ridiculez, haciendo que los ciudadanos empecemos a verlos no ya como los Hombres de Harrelson sino como los Hombres de Paco.
NO PUBLICADO (Multen a aquéllos vehículos que molestan el tráfico normal de la ciudad, pero no multen sistemáticamente para aumentar la recaudación.
Relájense un poco señores agentes, aunque sea porque llegan las elecciones y no hay que cabrear tanto al personal. Un poquito de por favor!)

PUBLICADO EN LAS PROVINCIAS EL 14 DE MARZO DE 2007

viernes 2 de marzo de 2007

Martin Scorsese

El último ganador del Oscar al mejor director, Martin Scorsese, no es un novato por estos fueros. Surgió en la década de los 70 con una nueva hornada de directores innovadores que acabaron con la tiranía de los Grandes Estudios y empezaron a hacer películas de las llamadas de autor.
Utilizando a Robert de Niro como actor fetiche, hizo del ambiente mafioso y de los bajos fondos el hilo conductor de su carrera. Así consiguió ganarse pronto el favor de la crítica y los aplausos del público, desde Malas Calles a Casino pasando por Taxi Driver.
Demostró sus dotes para la comedia con Jo que Noche!, y se adentró en el mundo documental con la grabación del macrofestival de Woodstock o con el maravilloso No Direction Home que nos mostraba al Bob Dylan más íntimo.
Personalmente opino que la Academia le ha hecho flaco favor al concederle justamente el Oscar por Infiltrados, una película que no es más que un remake de una película hongkonesa. Martin Scorsese es un justo ganador, pero más parece un premio a su carrera, una especie de Oscar Honorífico a uno de los grandes del cine.
Y la demostración de lo dicho es el hecho que otros genios del cine como Peter O’Toole, el incomparable Clark Gable no recibieron ningún Oscar por sus interpretaciones a lo largo de toda su carrera.
Fueron sus mismos amigos de juventud, Coppola, Spielberg y George Lucas quiénes le esperaban el domingo en el escenario para entregarle el Oscar que ya merecía muchos años antes con sus nominaciones por Toro Salvaje o Uno de los Nuestros.

No nos engañemos, el premio ya estaba dado. Hollywood premia a los buenos, pero no a los mejores.